Las pasas
La rutina sabatina. Ir por agua, comprar verduras y algún mandado para la comida. Lo que hacemos todos en este pueblo aledaño a la capital. Entre más tarde vayas, se acumula la gente en el abarrotes y la verdulería. Todo se da por sentado. La existencia de víveres, el poder adquisitivo. Para muchos es el descanso familiar. Una carnita asada. Vasos, platos y botellas de plástico que vivirán miles de años en estas tierras. Las cosas son como son y los cambios son tan pequeños! Señoras que escogen la fruta y la verdura tratando de ahorrar. Yo buscando chile verde para mi caldo de queso. Volteo, y en ese espacio reducido, me topo con una mirada. Sí, porque la mirada es la que tengo guardada en mi mente. No el atuendo pobre y sucio, ni el pelo rizado y corto. La mirada y dos bolsas de pasas en la mano. "¿Compra pasas?, a diez pesos". No necesito pasas, pero su mirada me inquietó. ¿ De dónde viene? Quizá de algún viñedo cercano. En su bolsa seguro trae más. Yo decido comprar una sólo por su mirada que tiene una tristeza indescriptible. Trato de pensar en su vida y en la mía. En la de todos los que nos rodean. En el hacer tan distinto. ¿ Tiene hijos? ¿La enviaron a vender? Seguro gana el mínimo si es que tiene sueldo. Me desafano y siento que hice mi obra buena y sigo comprando. Pero su mirada triste la traigo metida en mi cabeza. ¿Por qué no compré las dos bolsas? Sólo costaban diez pesos!
Comentarios
Publicar un comentario