el día del Eclipse


21.8.17  el día del eclipse.

Uno se levanta como todos los días, pero resulta que hay un eclipse anunciado. Ha causado mucho revuelo, aunque aquí en el norte de México será parcial. Aún así, las personas han escrito tontería y media.  Me siento como en la Edad Media. Lo cierto es que no se puede ver el sol sin la protección adecuada.  Llego a la escuela como todos los días. Algunos chicos ya tienen su vidrio especial para ver el sol.  Al ir a la escuela de música una joven traía una obsidiana. No sé si se puede realmente ver a través de eso, pero le daremos el beneficio de la duda.
Entro a clases, saludo. ¿Por qué están empeñados en utilizar el celular en clase? ¿Acaso me ven que yo lo uso mientras enseño o pongo música?  No entiendo esa manera de ser. Supongo que eso de poder estar en mil cosas a la vez se puede aplicar a los jóvenes de hoy, pero los accidentes causados por el uso del teléfono contradicen esa teoría.   Pido que cada uno elija un cuadro de algún pintor importante. Un joven elige una obra de su novia que estudia plásticas. Hay exceso seguridad o de ignorancia en cada uno de nosotros. Lidiemos con eso. Aún así, dejemos que comparta. Uno nunca sabe si estará viendo a la nueva Artemisia Gentileschi.    No hay respuestas para todo y a veces somos tan necios que quisiéramos.  En ese desmenuzar cada aspecto, nos da el prurito de nombrar.  Queremos que todo tenga un nombre y si no,  lo inventamos. ¿Podremos vivir con objetos que no lo tengan?  Es relevante esa correspondencia biunívoca entre la cosa y su denominación? Tendré que releer el Cratilo.   Es bueno no nombrar todo o es bueno inventar nombres que no digan nada y sirvan de bálsamo a nuestra propensión enfermiza a la nomenclatura.

Me engaño todo los días y planifico mis horas, pero termino haciendo actividades distintas. Tal vez por esa falta de disciplina no concreto nada.  No me estoy autoreclamando,    Ni siquiera pretendo cambiar. ¿No es triste?. Tal vez, pero  me importa un rábano.    No todo está perdido, avanzo un poco como el cangrejo. Resuelvo lo inmediato.  Olvido mucho, pero recuerdo también cosas que no quisiera.  Memorias que aparecen sin pedirte permiso.  Historias pasadas bien instaladas en alguna neurona un tanto atrofiada.  Es todo por hoy. O no. No lo es, pero hay que marcar límites. Qué odioso es marcarlos, verdad?

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