pienso, luego ...tomo café.

Este domingo, con un fresco que me ha sabido a gloria, tras los días calurosos que hemos tenido,  mi mente se empecinó con dos dichos que parecen contradictorios...barrocos.   Ese que dice que "el que no oye consejo no llega a viejo" y el de "nadie aprende de experiencia ajena" -no sé si está bien citado-.   Cómo juntar ambos?...porque si escucho,  es de alguien con experiencia. No tiene que ser mayor, sólo  experiencia.  Es difícil.  Sobre todo porque son los errores los que nos hacen aprender. Sin embargo  aún con eso de los errores, hay algunos que pueden ser mortales y otros de los que salimos fortalecidos. ¿Cómo distinguirlos?   Mientras hago mi café, y sigo todo el ritual de mañana dominical, es decir, abrir la puerta, salir y saludar a la Coco que me hace fiestas inmerecidas y corre por el patio como loca en señal de alegría por verme, yo si acaso le dirijo unas palabras y le digo que está loca como su dueña...me río y le acaricio la cabeza.   En la mano llevo la talega del café que tiro encima de las plantas.   Regreso, enjuago...ya puse el agua a hervir...saco el café del refrigerador. Sí, del refri, porque en el verano al café no le dura ni su sabor ni su aroma.     También saco la leche del refri. Pero hoy decidí que el primer café sería negro.   ....en ese quehacer  la cabeza, como molinito, machaca ideas,  exprime, desgrana.   Los temas se suceden sin orden. En ocasiones los sucesos semanales se enquistan, como si con pensar mucho uno los pudiera solucionar.  De cualquier forma yo me pongo a pensar, mientras tomo mi café, que la Moly ( cuyos maullidos mañaneros y demandantes me obligaron a abrirle la puerta), quien ahora descansa en mis pies, no tiene ningún interés en agobiarse, en resolver el futuro ni sufrir por el pasado.     Yo, por más que pienso, no puedo arreglar lo que a mi juicio necesita solución.    El libre albedrío de otros les permite tomar decisiones, correctas o erróneas..decisiones que cambiarán el curso de su vida y de la nuestra.   Pero no puedo vivir sin pensar....ni nadie debería.  No me refiero a la obsesión, sino a la reflexión que me obliga este yo que me habito , para ser con los demás.   No puedo hacerlo sin usar mi razonamiento, sin pensar en mis sentimientos -aunque suene contradictorio-.   No sé si mi poca experiencia de vida sirva, si me crean, si me equivoco o tengo razón.   Me canso a veces.  Me canso de ver tantos ojos cerrados que andan por la vida creyendo lo que otros dicen, haciendo sin pensar, actuando sin reflexionar.  No se aprende de experiencia ajena, cierto, pero si escucháramos un poco, nos evitaríamos muuuuuchas caídas, muchos golpes estúpidos. 

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