El otoño
Esperar al otoño,
al fingido otoño de mi ciudad.
Percibir la luz que viste un nuevo brillo,
Vivir el otoño entre el estío invernal de un día.
Otoño eterno de cuyo disfraz invernal somos creyentes.
Qué será ese hacerse vieja y darse cuenta?..será esa paciencia de la que me visto cuando quiero acelerar el paso; será ese silencio obligado cuando las palabras se empujan en tu boca para salir atropelladas sin pudor; ¿O por el contrario, la explosión de frases impropias, porque ya no hay ganas de prudencia? ¿Será la conciencia del tiempo agotado o mejor dicho ese afán por tomarlo de imprevisto ? No lo sé. Sólo sé que el espejo refleja unos ojos empequeñidos - aunque aún brillantes-, arrugas a diestra y siniestra, párpados caídos y bolsas debajo de los ojos. Manchas e imperfecciones por doquier. Lo veo todas las mañanas en el espejo del lavamanos. Hay conciencia del envejecimiento, pero no produce sino asombro ocasional. Quizá el día a día vuelve al tiempo un verdugo constante y nosotros lo aceptamos porque no hay opción, o mejor dicho, la única posible no nos enamora. Será que la vejez se vuelve atrevida, osada e irreverente? Será que no hay nada qué perder?. Creo que no se trata de la pérdida, sino de un asunto filosófico muy profundo que hace emerger una verdad negada durante el tránsito de la juventud. Lo efímero estaba disfrazado de eternidad. Los ojos se abrieron y quedó al descubierto, así, desnudo, sin ocultamientos, sin conspiraciones vanas. Lo efímero alzó a Febo un grito pequeño y agudo y éste no respondió. Siguió brillando en el plazo acordado. La vejez lo comprendió.
al fingido otoño de mi ciudad.
Percibir la luz que viste un nuevo brillo,
Vivir el otoño entre el estío invernal de un día.
Otoño eterno de cuyo disfraz invernal somos creyentes.
Qué será ese hacerse vieja y darse cuenta?..será esa paciencia de la que me visto cuando quiero acelerar el paso; será ese silencio obligado cuando las palabras se empujan en tu boca para salir atropelladas sin pudor; ¿O por el contrario, la explosión de frases impropias, porque ya no hay ganas de prudencia? ¿Será la conciencia del tiempo agotado o mejor dicho ese afán por tomarlo de imprevisto ? No lo sé. Sólo sé que el espejo refleja unos ojos empequeñidos - aunque aún brillantes-, arrugas a diestra y siniestra, párpados caídos y bolsas debajo de los ojos. Manchas e imperfecciones por doquier. Lo veo todas las mañanas en el espejo del lavamanos. Hay conciencia del envejecimiento, pero no produce sino asombro ocasional. Quizá el día a día vuelve al tiempo un verdugo constante y nosotros lo aceptamos porque no hay opción, o mejor dicho, la única posible no nos enamora. Será que la vejez se vuelve atrevida, osada e irreverente? Será que no hay nada qué perder?. Creo que no se trata de la pérdida, sino de un asunto filosófico muy profundo que hace emerger una verdad negada durante el tránsito de la juventud. Lo efímero estaba disfrazado de eternidad. Los ojos se abrieron y quedó al descubierto, así, desnudo, sin ocultamientos, sin conspiraciones vanas. Lo efímero alzó a Febo un grito pequeño y agudo y éste no respondió. Siguió brillando en el plazo acordado. La vejez lo comprendió.
Comentarios
Publicar un comentario