La nueva poesía...y tan vieja ya.
Tal vez la edad me ha hecho lenta en responder (no en pensar, aclaro). Tal vez la poesía ya viajó entre el cielo y la tierra sin encontrar sosiego; a veces sin encontrar lectores. Lo cierto es que el destino lo empuja una juventud briosa, con más ganas que conocimiento, y aún así es bueno. Asisto a una presentación de un Plaquette, un poemario breve. Se habla de la crítíca, de la reivindicación de lo regional o lo local, tal vez. Se habla de asuntos terrenales como si todo lo nuestro no lo fuera. Se habla de un lenguaje sencillo (habría que especificar y/o diferenciar entre sencillo, vulgar, simple, casual, etc.); lo ideal es lo simple, pero la metáfora es imprescindible...la figura que trasciende a las palabras cotidianas. La figura que nos vuelve humanos hacedores, constructores de pensamiento a través de las palabras. Cualquiera que se atreva, deberá trabajar desde el oficio. Las buenas intenciones sólo sirven en el instante. La carrera es larga y disciplinada, no hay salidas alternas ni pócimas mágicas. ¿Poetas de alturas, de alcurnia, de cantina o de escuela? no importa. He conocido poetisas burócratas, que en lugar de esperar a la musa, la jalaban de las greñas en los breves momentos de descanso. He visto a los que no desprecian el diario hacer y lo incorporan al etéreo espacio de las letras....y lo hacen papel, imagen, mundo nuevo. Es tan idealizado ese mundo del verso, que hasta se le asigna un nicho propio. Se le encarcela a un sólo modo de hacer. Imposible! El destino de la poesía no lo conozco, no sé si será poemínimos o haikus, a como vamos en este tren tan rápido..si los twiter serán medio. Lo que sé es que el poeta no se improvisa. El poeta trabaja día a día; pule sus imágenes con frases claras, aunque sean inefables. El poeta se alimenta de la vista, en cualquier forma. El poeta escribe y escribe sin parar. El poeta es un jugador empedernido de las letras, las ama, las acaricia, las olvida y las vuelve a tomar. Su mundo es un caos de letras que debe ordenar. Decidí guardar silencio. Escuché y aplaudí el empuje; ahora espero aplaudir el oficio, pero para eso falta tiempo.
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