Los límites o cuando uno descubre que no es tan listo como pensó.
Lo más difícil es ponernos un límite, por pedestre que este sea. En estos momentos quisiera continuar engullendo papas fritas con chile y limón o seguir con la ingesta de frijoles y tortillas de harina. ¿Quién decide cuánto y hasta cuándo? Yo misma. No tengo pistola al pecho, pero tengo una inercia y una estulticia soberbia que me arropa y clama por esa satisfacción del paladar. Yo tengo que ser mi límite y usar el raciocionio para saber que atascarme de chatarra me produce placer, pero también causa enfermedades. Ponerme un límite, porque quisiera dormirme tarde, pero resulta estúpido, pues mañana madrugaré a trabajar y las consecuencias de la trasnochada resultarán en malhumor, cansancio y somnolencia a deshoras. Esta cuestión de los límites se extiende al pensamiento crítico; a la percepción de mi yo, limitado por asuntos congénitos, sociales o culturales. Conocer mis límites no me hace menor ni menoscaba lo que soy como persona. Conocer mis límites inserta mi actuar dentro de un conjunto de otros individuos, poseedores como yo, de virtudes y defectos; de personas dedicadas a profesiones disímbolas, pasando por agricultores, artesanos, maestros, médicos hasta políticos y científicos de todo tipo. ¿Por qué conocer los límites me parece vital? Me parece vital hoy en día porque carecemos de una verdadera autocrítica basada en el conocimiento. Me parece vital puesto que aparecen ante nosotros, individuos que quizá por ignorancia (no quisera pensar que por maldad), asumen puestos para los que carecen de una elemental preparación; se autoproclaman genios, sabelotodos, maestros; se convierten en dictadores de normas insulsas e irreales; dictan cátedra sin atar una idea con otra y, careciendo del mínimo decoro intelectual, hablan estupideces disfrazadas de sabiduría. Faltan límites que ubiquen nuestra realidad. No soy la peor de todas, pero tampoco soy la mejor. Soy yo, con yerros y aciertos, soy yo, con algunos conocimientos aprendidos a fuerza de terquedad y repetición. Soy yo, que no lo sé todo....y a veces me doy cuenta que el "tú" tampoco lo sabe todo. Límites para medir mis fuerzas y afrontar mi propia realidad sin caer en la desesperanza ni en la vanagloria. ¿Cómo lograrlo? Consciencia?, Observación?, Introspección? no lo sé, Educación, y mucha por supuesto. ¿Cómo lograr la autoestima sin caer en la soberbia? Quizá la respuesta está en casa y se modela un poco en la escuela. Preguntas al aire.
Comentarios
Publicar un comentario