La visita a los panteones, o cuando me muera que me esparzan en todas partes.

Pasó el día de los fieles difuntos. No visité ningún panteón, ni siquiera para tomar fotografías.  En la mañana, después de mi café, puse, en un mueble de la sala,  algunas fotos de mis seres queridos, mi mamá, mi papá y mi hermano Gerardo; prendí una vela y dejé que San Judas se quedara ahí.   Hace mucho que no visito el panteón. Las tumbas deben estar llenas de tierra.   Las tumbas son frías. Cuando descubrí que igual podía platicar con mi amá a cualquier hora y desde cualquier lugar,  dejé de pensar que la tumba la contenía. Dejé de pensar que sólo ahí podía hablarle de mis preocupaciones o contarle lo que sucede en la familia.   Ahora ya no está Gerardo; lo cremaron y lo pusieron en un nicho. ¿Se puede platicar con las cenizas también?.  Tal vez para conformarme de no ir, he llegado a la conclusión que en el cementerio no queda nada...sólo huesos.   Las almas que habitaban esos cuerpos ahora flotan en todas partes (para los creyentes esto es vital).    Me preguntaron si tenía algún plan para cuando muriera....y lo he pensado bien, deseo que me cremen y las cenizas las tiren donde mejor convengan...un árbol, un arroyo...el mar...no lo sé...prefiero la tierra, es más.   Al estar las cenizas en todas partes, relevo a las personas de la penosa tarea de tener que visitarme.   No hay necesidad. Si me recuerdan por algo, ya es suficiente.   La eternidad no tiene su altar en una tumba o en un mausoleo. Si nuestras acciones no dan lugar a recuerdos dignos, no veo por qué obligar a los hombres a conservar tu memoria.  Millones de lápidas abandonadas, millones de muertos en sitios desconocidos.  No pasa nada.   El hecho de saber en dónde está Bach, no demerita la obra de Mozart, del que no sabemos  dónde quedaron sus restos.    Las Tumbas surgieron por cuestiones de higiene (el quemar los cuerpos también)...y claro,  luego viene el recuerdo, el afán de recordar.  También la religión tuvo ingerencia, y económica, por supuesto, no sólo espiritual.  Los camposantos estaban a un lado de las Iglesias.    Ahora están los nichos.   Mejor desaparecer absolutamente, que causar pena por esas lápidas sucias y abandonadas que ya nadie recuerda. 


  

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