De fresa, vainilla y chocolate

Admito mi obsesión por el tiempo, pero hoy leí un artículo de Rosa Montero, hablando de lo mismo. Me sirvió de consuelo, aunque claro, yo sólo soy Ana Isabel Campillo, maestrita -como me dice Mariana López Quesney-,  y además de semestres iniciales.   Todo lo anterior no impide ni me limita a seguir con mi obsesión acerca de ese espacio que se me representa como un mar inmenso en el que las criaturas nos tocamos, inter actuamos, nos aislamos pero no podemos permanecer eternamente ahí.  
Ayer fui a una reunión. Gente de diferentes profesiones, artistas en su mayoría...el paso del tiempo me dio una cachetada. De repente saludé a chicos que fueron mis alumnos. Ya no son esos niños de antaño. En sus caras el tiempo deja la huella de la adultez que viven en estos tiempos. Significa que ahora yo transito rumbo a la vejez.   Había de todo.   La compulsión por detener el tiempo en el rostro, en el cuerpo. ¿Es posible?, mejor aún,  digo, ¿Es relevante?.    Algunos creemos que el tiempo nos otorga lógica y agudeza de pensamiento. La capacidad de analizar eso que no somos en el rostro de los demás.  ¿Mejores? ¿Peores?, simplemente distintos.  Aún así, la compulsión mesiánica se revela en nuestro hablar. Incapaces de vernos a nostros mismos, somos raudos en observar a los otros.  ¿A ellos les importan nuestras opiniones?  No lo sé.  Escuchamos aquello que necesitamos oír. Aquello que ya sabemos en nuestro interior, pero precisa de la visión del otro para aceptarlo.  Con esto termino la fresa y sigo con la vainilla.
Estaba pensando en la maldad, en lo que nos hace, no sólo por consecuencias físicas, sino a nuestra mente.  La maldad premeditada no sólo priva de algo, sino que genera odios, pensamientos siniestros y agresivos que luego se transforman en enfermedades.    ¿Cómo lidiar con esos odios?  ¿Con esa rabia gestada a raíz de las acciones perversas de otros?.   ¿Hasta dónde podemos intervenir? y si no lo hacemos, ¿Cómo despojarse de esos corajes dañinos?.  Ahí es cuando acudo a ese Karma tan cacareacado últimamente, o tal vez al "Castigo sin palo y sin cuarta" que Dios realizaba, según mi madre.   Quiero pensar cualquiera de esas posibilidades, que me brindan la esperanza en ese castigo para depredadores físicos y mentales.    Necesito sanarme de esas iras para seguir adelante, para dormir agusto. Necesito creer que esos malos lo son por defecto, no por práctica constante y a veces no me trago mis cavilaciones.   A veces juego un rato en mi mente a ser superhéroe (heroína, pues), y aplicar los castigos apropiados.  Después de eso, caigo en cuenta que no soy Dios, que también mi punto de vista es como un cerco lleno de hoyos, por donde la verdad huye veloz.  Que mis defectos no son menores. Entonces me sosiego.  Termino la vainilla para seguir con chocolate.
Creo que agradezco siempre lo que tengo, tener casa, cama, comida, trabajo, familia, amigos, etc.  A veces calmo mi ego realizando pequeñas ayudas (nada significativo), pero sé que me quedo corta. Cuando creo que hice algo decente por alguien, me topo en algún momento con indigentes, inmigrantes, discapacitados, etc..etc...y justo ahí, la revelación es contundente: 1) no he hecho nada digno,  2)  aún hay mucho por hacer y 3) ¿cómo se puede dormir tranquila con tanta pobreza y miseria a nuestro alrededor?.       El mundo, simplemente.  Este chocolate se derritió.   Recuerdo la canción "Ah, tierra luna, tierra luna, mundo caótico y podrido, desde aquí arriba me despido...adiós"


Comentarios

Entradas populares de este blog

La muerte no tiene fin

Porque la verdad está hecha de muchos pedacitos..

Cada vez todo se complica más