Los padres terribles

Hoy, como parte de mis tareas habituales, entré a ver la obra Los Padres Terribles, de J. Cocteau. Alumnos de la materia de Laboratorio de Producción, octavo semestre, dirigidos por Marcos González.  Ni qué decir que el texto es genial. Pone el dedo en la llaga en tantas historias que suceden dentro y fuera de nuestras familias.   Los enojos guardados, el carácter pusilánime de unos y manipulador de otros.  La hipocondria física y mental;  las infidelidades que a veces sólo son tristezas añejas que no pudimos ventilar a tiempo.  Pobreza que obliga a la sobrevivencia a costa del  amor propio.  Pereza que nos vuelve inútiles y enfermos.  La búsqueda de una felicidad que no podemos construir a partir de nosotros mismos...de nuestras limitaciones o ventajas.   Algo que sucede en los años treinta sigue vigente.   Esa es la característica de las obras universales. Son simplemente atemporales.  Es un trabajo estudiantil con todas las limitaciones que se tienen en una universidad pública.  Me asombra que aún con la falta de presupuesto, el ingenio del director, ayudado por el encargado de la iluminación, logre un ambiente interesante, sobrio y funcional para la obra.   Lo mismo hace el vestuarista, que sin ser ortodoxo (no se puede sin presupuesto), consiga ambientarnos en el París o alguna ciudad francesa de los treinta.    Hay mucho trabajo por hacer, lo sé, no hay virtud sin práctica. En el caso del Teatro, es la constante exposición al público, la construcción diaria de los personajes y la dirección sabia del maestro, la que otorga esa fluidez que nos parece natural.    Espero que los jóvenes se dejen guiar, pues a veces es la resistencia la que impide el florecer del actor. Espero que se dejen asombrar por ese texto cada día...que trabajen su dicción,  que entrañen a su personaje y lo amen, para que nosotros también amemos su puesta.   Conmuévanos desde dentro, no del exterior.  Hagan el gesto natural de su personaje, entren en él sin miedo y con astucia; con sensaciones nuevas.  Gracias a todos por su trabajo.

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