En puente
Aquí la tarde cae despacio, y los últimos rayos del sol son incapaces de acabar con ese ruido estentóreo que se escucha en los alrededores. Me cobijo en un silencio interno, incapaz de enmudecer a los otros. Los que festejan un cumpleaños, una boda, un bautizo, o simplemente tomaron de pretexto este sábado cálido de marzo, que anuncia ya la primavera. Recojo mis ideas absurdas, mis bromas sin dueño, tomo mi café con pan, y me sumerjo en la vida de los otros, en lo cotidiano de cada acción, en los triunfos y batallas que padecen y publican contínuamente, igual que yo. No soy la excepción. Quizá ese mirar (no olvido que el voyerismo es mi Sino), pone pies en tierra a los afanes de juicio y perfección que de vez en vez se me encaraman. Batallo para quitármelos de encima. Sin embargo, es fácil cuando te aplicas a tí misma eso que tanto te molesta. Las procrastinaciones infinitas, el desperdicio del tiempo, estulticia pura y llana. ¿Se hace lo que se puede? No, se hace lo que se quiere, se administra el tiempo, se trabaja lo perentorio y lo ineludible. Lo demás queda escondido. La posteridad es una caja pequeñísima refundida en algún closet. No la viviremos. La pereza sin fin en esas pequeñas acciones. La ausencia de voluntad vital. No soy diferente de los demás. No soy mejor que los demás, he ahí el principio del cambio, pero ser conciente tampoco es signo de ese cambio.
La electricidad tuvo una falla, por un momento el silencio emergió tímidamente, al menos en la cercanía. A lo lejos, una trompeta afinada y cantarina se gozaba en sus armonías; feliz de no depender de conexión alguna para emitir sonido. La luz ha vuelto, y en cuanto se prendió el primer foco, a lo lejos, los enfiestados, gritaron al unísono. La trompeta y el mariachi se han ido.... volvió el grupo versátil..."hacer el amor con otro.......y lo que venga".
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