consejos

Hace varios dias que no escribo, mucha ocupación, pereza o nada qué decir, no lo sé. Hoy lo hago aventurando palabras dóciles que al pasar los renglones se revelen contra el sin sentido y la paradoja de estas letras que como avispas me siguen sin decir nada, palabras que buscan ser huecas, hueras de sustancia, sin tuétano.  Así debe ser la mayor parte del dia, me digo.  Una avalancha de palabras sale de nuestra boca, no obstante uno podría silenciarla, reducirla...y nada cambiaría.  Y justamente hablando de palabras,  hace poco reflexionaba con una amiga sobre los consejos, sí, los consejos, esas palabras que a veces nos piden quienes traen algún dilema  irresoluto; alguna congoja agobiante a punto de convertirse en locura; aquellos que se debaten entre ese bien y mal tan chapucero. No pude menos que decir que no puedo darlos...pocos pueden. Lo único efectivo es la escucha empática y serena. El dejar un poco,  al estilo socrático, que sea la propia persona la que descubra su respuesta. Propiciar la epifania sanadora de tomar una decisión cabal.  El fin de quien escucha es darse cuenta del mundo que vive el otro;  es mirar con afecto (a veces con incredulildad, ¿por qué no?); es trasladar una energía sanadora en ese otro para que encuentre su respuesta.  Cada quien padece su propia historia,  la genera, la evade o la supera, por eso las respuestas pueden ser infinitas e inútiles. 

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