En tiempos del COVID-19

Tenía tiempo de no escribir algo en este blog, tal vez por olvido o por no tener necesidad de hacerlo. Estoy en cuarentena casi desde el 16 de marzo. Mis salidas han sido para pagar servicios o para comprar víveres.  La gente se divide en dos: a) los que religiosamente permanecen en casa y toman muchas precauciones y b) a los que todo les vale madre. Los incrédulos.   
Yo misma a veces me pregunto cuánto de verdad y de mentira hay en todo esto, sin embargo tengo conocidas médicas que confirman la existencia de esa pandemia. No puedo ignorarla. Trato de no caer en la histeria o en la sicosis que algunos ya están desarrollando.  No puedo decir que el estar confinada a mi casa sea pesado.   Tengo la suerte de tener una casa en las afueras de la ciudad con un patio enorme, así que la mayor parte del día la pasó afuera: tomando fotos, haciendo jardinería, alguna reparación, lavando. No puedo decir que esté aburrida.  Es curioso como en estos tiempos las personas de las redes sociales (incluyo el whatsapp), están preocupados porque no te enfades en estos tiempos de encerramiento.    Te envían links de óperas, conciertos, conferencias. Te manda un montón de libros en PDF que puedes bajar para leer.  No, por favor.  ¿ Por qué ese afán de tenernos ocupados?   Si existen  Netflix, Redes Sociales, Twitter,  Zoom, ...no sé, mil maneras de entretenerse y conversar al menos de manera virtual.   
Muchas personas con una vida social activa, de seguro padecen el encierro y sufren el alejamiento de sus amigos y seres queridos.    Lo siento, no es mi caso. Ciertamente extraño a mis estudiantes, a mis amigos y familiares, pero no estoy aburrida ni deprimida. No todavía.
Lo que sí es cierto que a raíz de este caos de salud,  de esta pandemia cruel, la vida ya no será la misma.  Es lo que más nos costará entender.  Nuestra visión de las cosas debe modificarse, pero no sólo nuestra visión, sino nuestra actuación.  Los cambios tanto internos como externos serán la prueba que confirme nuestra transformación como seres humanos después de un período de confinamiento.   Si regresamos a lo mismo. si continuamos tercamente agostando el planeta, explotando seres humanos, siendo egoístas con el prójimo, quiere decir que nos merecemos lo que venga.   No nos quejemos, no lloremos por algo que nosotros mismos provocamos.
El Soneto de Sor Juana Inés de la Cruz nos va bien:   Estamos como el niño que pone el Coco y luego le tiene miedo.

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